La verdad es un objeto suspendido

Obra realizada a partir del archivo "Rastrojo". 

Collage digital. 2020.

Cada pieza es una reconstrucción del caos, la fiebre, lo intempestivo de la masa y la represión de las Fuerzas Especiales. Con ellas el autor, busca representar y evidenciar una parte de la historia vivencial, a menudo perdida o desplazada. Una imagen que procure la resistencia de la memoria, la asimilación del proceso histórico, reconociéndose como un actor social capaz de entregar una versión personal que contribuya al rescate de la historia colectiva. 

(Fragmento del texto de Claudia Perulles)

Descubrimiento, apropiación e interpretación del objeto como instrumento de la memoria. 

Obra de Gonzalo Morales Leiva

Claudia Perulles*

Curadora

 

Con un afán de comprensión y asimilación, con intención de entender y recuperar lo que a sus ojos era evidencia tácita de la violencia experimentada en multitud, Gonzalo Morales Leiva tuvo lo que en palabras de Hal Foster conocemos como pulsión de archivo[i], la necesidad de volver sobre sus pasos y rescatar aquellos objetos que resumían la fuerza despedida por la protesta.

 

El impulso recolector surge de la tensión producida por la participación en las manifestaciones iniciadas el 18 de octubre del 2019, es un esfuerzo por asentar la experiencia y aceptar los efectos de la misma; reunir un conjunto de objetos participantes también ellos de las protestas, es a su vez, un ejercicio de memoria y restitución de la acción llevada a cabo en comunidad.

 

Recuperar objetos que han perdido su funcionalidad innata y que pasan desapercibidos, no es nuevo en la obra de Morales Leiva, es una preocupación latente en la que se plantea ante todo la impermanencia de la realidad. La construcción de un discurso a partir de lo que la mayoría llamaría restos, subyace a su quehacer artístico y denota su compromiso con la reflexión a partir de las formas y los materiales, con las posibilidades de la imagen y su desarraigo de los soportes convencionales. 

 

No hubo una búsqueda particular, tampoco fue una elección al azar, fue el descubrimiento de cada objeto como transmisor de información y significante ante los acontecimientos, la inercia de develar sus infinitas posibilidades. El atesoramiento de este conjunto, la convivencia con cada uno de los objetos, la remembranza de la coyuntura y el peso emotivo que viene de ella, les otorgó un aura, los transformó en una reliquia moderna[ii], en evidencia de los sucesos, en facilitadores de la memoria y en una demostración de lo que la violencia genera. 

 

Con la reconfiguración de su propio archivo, que proviene del entendimiento de los objetos y sus significantes, es que existe la apropiación sobre la colección y empatía sobre la individualidad de los objetos, se transforman en un espejo de las intenciones artísticas del autor, entra en el juego del coleccionista que coloca, clasifica y distribuye, es decir, lo personaliza[iii]. Esta transformación y el espacio neutro sobre el que emergen las piezas, nos permite abordar la violencia generada de la confrontación, sin recurrir a las formulas que podría ofrecer la imagen explicita. Morales Leiva nos propone una forma distinta de contar la historia, una manera más cercana a la vivencia personal liberada de la versión oficial.

 

Cada pieza es una reconstrucción del caos, la fiebre, lo intempestivo de la masa y la represión de las Fuerzas Especiales. Con ellas el autor, busca representar y evidenciar una parte de la historia vivencial, a menudo perdida o desplazada. Una imagen que procure la resistencia de la memoria, la asimilación del proceso histórico, reconociéndose como un actor social capaz de entregar una versión personal que contribuya al rescate de la historia colectiva. 

 

Los objetos hablan de un espacio y tiempo determinados y así, reformulados en cada una de estas piezas, provocan la reflexión sobre la multiplicidad de escenarios, la naturaleza del conflicto y las implicaciones que lleva creer que existe la verdad como instrumento de pacificación. La obra es pues, una obra abierta, esa que Eco describe como proposición de posibilidades interpretativas con configuración de estímulos inductivos a una serie de lecturas variables[iv]. Un intenso recordatorio de las trasformaciones que sufrimos junto a los objetos que nos acompañan, un poderoso mecanismo de memoria colectiva y una oportunidad para reflexionar desde el objeto descartado y sus distintas versiones, sobre lo que somos como individuos y a lo que podemos aspirar como conjunto.

 

[i] Foster, Hal. “An archival impulse”. October 110 (2004): 3-22. Medio impreso.

[ii] Guasch, Anna María. “Los lugares de la memoria: el arte de archivar y recordar”. Materia 5 (2005): 157-183. Medio impreso. 

[iii] Baudrillard, Jean. “El sistema de los objetos”. Siglo XXI editores (2014): 101-102. Medio impreso. 

[iv] Eco, Umberto. “Obra abierta”. Planeta-Agostini (1984). ISBN 9788439500087. Consultado el 13 de agosto de 2020. 

Claudia Perulles a propósito de la obra “La verdad es un objeto suspendido” de Gonzalo Morales Leiva, octubre 2020. 

* Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México, investigadora especializada en arte moderno y contemporáneo latinoamericano. Ha colaborado con artistas, galerías, archivos y colecciones privadas en el desarrollo de proyectos culturales, así como en publicaciones de arte y catálogos razonados. Desde el 2010 es miembro del archivo del fotógrafo mexicano Manuel Álvarez Bravo y socia fundadora de Atómica, plataforma multidisciplinaria de artes visuales.